EL PODER DE LA PALABRA

La palabra tiene un poder en sí misma que puede llegar a destruir y generar violencia y separación, o puede lograr construir puentes de unión, paz y amor. Elijo quedarme con este poder sanador y motivador de la palabra y pensar la comunicación como la herramienta fundamental para alcanzar la cohesión social.

La enseñanza de la lengua española, la literatura y la formación profesional tendientes a una comunicación creativa, asertiva y efectiva constituyen, para mí, un servicio social esencial tendientes a alcanzar la integración de los colectivos más vulnerables como jóvenes, adultos mayores o inmigrantes.

La formación continua, la resiliencia, la motivación, el entusiasmo y, sobre todo, la fe cristiana me han guiado y lo siguen haciendo a día de hoy. Estoy convencida de que sin Dios, nada somos, nada podemos, de Él recibimos los dones y talentos para servir en nuestra sociedad.

Como dijo Mahatma Gandhi, “la mejor manera de encontrarte a ti mismo, es perderte en el servicio a los demás”, y así lo siento.

Servir a los demás a través de la educación es entregar lo mejor de uno, dándose con amor y dedicación.

Así me dejo ser instrumento de Dios, porque como dijo San Juan Bosco:

«La educación es cosa del corazón, y sólo Dios es su dueño».

Silvina Garrido Hermann